Novias “Grandes”…
TEXTO: TÓ CAMPOS
Si tienes una talla superior a la 46 y te vas a casar, probablemente ya te estarás planteando el problema que puede suponer encontrar un vestido de tu gusto y talla. Si ya tienes problemas a la hora de encontrar prendas para tu día a día, seguramente estarás entrando en un estado nervioso preocupante cada vez que ves algo que te gusta pero que probablemente no podrás probarte. Efectivamente, generalmente, en las tiendas para novia, la mayoría de modelos en exposición suelen oscilar entre la talla 38 y la 42. ¿Qué ocurre cuando tienes una talla superior?. Lo habitual es que te coloquen por encima el vestido que te gusta para que te hagas una idea de como te puede quedar. Cuando existe una diferencia pequeña de tallas (2 ó 3), puedes probártelo sin abrochar. Dependiendo del modelo que hayas elegido, la imagen que verás reflejada en el espejo será más o menos real con respecto al resultado final. Una vez hecho el encargo, te adaptarán el vestido a tu cuerpo, sea cual sea tu talla, con un coste adicional que dependerá de la tienda a la que acudas, pero que no baja del 20% sobre el precio marcado.
Otra opción es acudir a un diseñador especializado en la confección a medida. En este caso dispones además de la oportunidad de lucir un vestido en exclusiva, en el que cada elemento esté pensado para resaltar tus encantos y disimular tus carencias o excesos. Sería aconsejable que te informaras sobre la trayectoria del diseñador, o que pudieras ver parte de su trabajo; es importante que su estilo sea acorde a tu forma de entender la moda o lo más probable es que la posteriores pruebas se conviertan en un combate entre el diseñador y tú acerca de qué hay que añadir o qué es lo que sobra. Sé clara desde el principio acerca de lo que quieres y confía en el trabajo de los profesionales; un buen vestido es como un buen plato, cada ingrediente esta pensado hasta el último detalle y si comenzamos a sumar o restar ingredientes al antojo, probablemente el resultado diste mucho de la idea original.
Más allá de lo que esté o deje de estar de moda, el diseño del vestido debe ir acorde con la hora y el lugar de la boda. Un vestido sencillo para el día y más elegante y adornado para la noche. Es importantísimo tener en cuenta que se debe mantener un mismo estilo en todo: el vestido, el velo o tocado, zapatos, peinado, maquillaje, uñas...
Si vas a optar por el tradicional vestido blanco o crudo, debes saber que existen distintas tonalidades de tonos empolvados que deberás elegir en base a tu tono de piel: si tu piel es muy blanca elige entre marfil, blanco natural o almendrado, para una piel blanca con tonalidades amarillas utiliza el blanco almendrado o el champagne.
Las pieles oscuras pueden llevar todo tipo de blancos, excepto el marfil si tienden a amarillentas u olivas. Una gran aliada para esta cruzada a la que te enfrentas es la corsetería. Existen prendas interiores que sin resultar excesivamente incómodas ayudan a reducir volumen e igualan la silueta, evitando así, los temidos michelines y ayudándote además a mantener una buena postura. Mantente erguida, con los hombros algo atrasados y el mentón alzado. Muy importante: no olvides llevar tanto la ropa interior como los accesorios que usarás el día de la boda a la pruebas del vestido, en cada prueba se irá perfilando tu imagen final.
Las mujeres de tallas grandes pueden verse bellas y estilizadas con vestidos que den la sensación de una línea vertical y alargada, por lo que si tu sueño es casarte vestida a lo Sissi, atente a las consecuencias. Indudablemente, la protagonista de ese día eres tú y lo más importante es que te sientas como una reina. Puedes optar por aparecer más esbelta que nunca o ser la más exuberante, ¿un consejo? asúme tu elección con todas sus consecuencias. Si decides ser exuberante hazlo con todas tus armas; un peinado y maquillaje excesivamente naturales o románticos mezclados con un vestido excesivo dan un resultado mediocre e insulso, igualmente al contrario.
Para evitarte todo este embolado, dispones de una tercera opción: acudir a un profesional especializado, estilista o personal shopper, que te acompañará, ayudándote a decidir sobre lo que mejor se adecua a tu imagen; una última sugerencia, déjate aconsejar por profesionales y amigas, pero recuerda siempre que la que llevará el vestido eres tú.