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La novia de colores

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Blanca y radiante va la novia… aunque de sobra conocida, esta frase no siempre refleja la realidad. Aunque algunas fuentes apuntan a que la popularidad del blanco como color nupcial puede remontarse a 1840, año de la boda de la reina Victoria, cuya imagen vestida de blanco en lugar del plateado (color que solía usar la realeza), fue ampliamente difundida; será a principios del siglo XX cuando se generalice la tradición, y no como signo de pureza como se entiende ahora, sino de riqueza ya que la fabricación del vestido en color blanco limitaba su uso al día de la boda, cuando lo habitual era poder utilizarlo en otras ocasiones. Durante las épocas de guerra, el negro fue el color mas utilizado en trajes de dos piezas que se complementaban a veces con velo y ramo de flores de tela. Eran tiempos de escasez y luto, y pocos eran los que podían vivir al margen de las circunstancias históricas. A partir de los años 50, con la consolidación del blanco y sus matices como color nupcial, se considera de mala suerte el desposarse de negro, aunque probablemente la difusión de esta superstición fue debida a la necesidad de olvidar un pasado difícil y algo oscuro.

A lo largo de la historia, el vestido nupcial femenino ha cambiado de color y forma dependiendo de la etapa histórica. Durante la época clásica romana era el naranja el color designado para vestir a las novias en el ritual religioso del matrimonio. Durante la Edad Media, los más ricos tejidos brocados y bordados eran los elegidos para las bodas nobles. A partir del siglo IX, los vestidos nupciales empiezan a cargarse de simbolismos asociados a las supersticiones que rodeaban a la celebración matrimonial. La mayoría se asumen por miedo a retar al destino. Las supersticiones incluían algunas fórmulas mágicas para llamar a la buena suerte en el enlace.

El color amarillo, de mal fario en España, es común en muchos países como Estados Unidos e Inglaterra, y se relaciona con el cupido y la abundancia. En Irlanda, el color tradicional es el verde. El rojo representa honor y respeto según las costumbres chinas y japonesas, es el más usado en las bodas tradicionales niponas. En Europa, sin embargo, este color se relacionó con la pasión y la prostitución, por lo que no estuvo bien visto hasta bien pasada la época victoriana.

En distintas culturas, es el color del velo el que simboliza los valores que se le atribuyen a la novia: el velo amarillo denota virginidad, el azul está relacionado con la Virgen en la cultura cristiana, y además de pureza e inocencia, simboliza fidelidad. El velo negro usado por las musulmanas representa respeto a Mahoma.

Con el paso del tiempo y la adaptación de las ceremonias a las nuevas circunstancias, se va dejando de lado la tradición conservadora y es la industria de la moda la que propone alternativas más acordes con los nuevos tiempos: Cymbeline o Lidia Delgado han recuperado el negro de la etapa de guerras desligándolo del carácter de luto y pobreza para acercarse al glamour de la noche y Ághata Ruiz de la Prada propone vestidos realizados con tules dispuestos en capas de distintos colores: amarillo, naranja, rojo, verde, añil, fucsias… En los tiempos de la personalización, es la usuaria final la que decide. Ajena a ritos y creencias deberá tener en cuenta sin embargo, otras pautas como son el tono de la piel, y el lugar y la hora de la celebración.
TEXTO: TÓ CAMPOS

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