El ritmo de vida que llevamos actualmente nos exige juzgar en numerosas ocasiones a una persona por la imagen que proyecta. En aproximadamente veinte segundos la analizamos inconscientemente, coincidiendo o no con la imagen mental que previamente nos habíamos hecho de ella.
Del mismo modo, muchas veces adquirimos de forma impulsiva, poco tiempo y ningún plan, todo lo que creemos que vamos a necesitar para dejar esa buena impresión que deseamos, equivocándonos a menudo para luego desesperarnos delante del armario con la consabida frase “No tengo nada que ponerme”. En nuestro guardarropa se van acumulando prendas que no acaban nunca de acertar con ese look que queremos proyectar. Además, corremos a conseguir cosméticos de nueva tecnología, animadas por reclamos publicitarios, pero que ningún especialista nos ha recomendado. Terminamos atiborrando nuestras repisas del baño con colores, maquillajes, lápices, cremas, y toda clase de productos que nos hacen sentir a veces mal por el dinero invertido y el poco tiempo que tenemos para dedicarlo a su aprovechamiento.
Por todo ello en las ciudades más vanguardistas ha surgido la figura, al principio tímida pero al fin consolidada, del personal shopper. Este profesional visualiza mediante estudios las necesidades del cliente y canaliza éstas hacia una forma racional y armónica que en poco tiempo le permite sentirse bien en cualquier evento, por la calle o en su lugar de trabajo. El personal shopper dispone de unos estudios avanzados en estilismo y un abanico de proveedores profesionales que ha ido seleccionando con el tiempo. A través de un estudio exhaustivo de la forma corporal, colores, hábitos, presupuestos, etc. se aconseja al cliente sobre lo que más le conviene, ayudándole a ahorrarse tiempo y dinero y ganar en satisfacción y tranquilidad.
Hoy día acudir a un personal shopper o a un centro de estilismo no debe ser visto como un lujo inalcanzable, sino una manera de ahorrar dinero y tiempo, resolviendo esas dudas que nos aparecen siempre delante de nuestro armario y a la hora de invertir en nuevas prendas o complementos. Dinero, porque el profesional nos va a asesorar sobre las compras más rentables. Tiempo, porque nos vamos a evitar esas excursiones interminables por la ciudad sin conocer donde estará aquello que vamos buscando o aquello que nos hará sentir que hemos acertado plenamente.
Deja el esfuerzo para el personal shopper, el especialista en estudiar qué necesitas y dónde encontrarlo. Sacarás más partido de tu imagen y tendrás más tiempo para ti.
TEXTO. ZITA CASADO. PERSIONAL SHOPPER. 630 922 912